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En primer lugar, el
alza en los precios del petróleo es consecuencia necesaria de un desajuste entre
su oferta y su demanda: conforme un bien se hace más escaso, se encarece. El
rápido incremento de la demanda se explica fundamentalmente por el desarrollo
industrial de China, India y otros países. En cuanto a la oferta, está limitada
en el corto plazo por la capacidad de extracción de los pozos ya instalados,
que al parecer ya se estarian utilizando al cien por cien; a medio plazo,
podríamos decir, se está planeando aumentar las infraestructuras, lo cual
permitiría aumentar la capacidad de producción; y a largo plazo la expansión de
la oferta depende de que se encuentren nuevos yacimientos.
Sin embargo hay fuentes
que apuntan a que ya se ha alcanzado el techo de producción,
segun lo cual esta habria iniciado ya su declive a tal
ritmo que no
dará tiempo a sustituir la energía obtenida del petróleo por la de otras fuentes
antes de que los procesos productivos mundiales se detengan. Otros, en fin,
argumentan que estamos ante una escasez provocada.
Por otra parte, Irán es
susceptible de ser usado por la élite de los E.E.U.U. para continuar sus
siniestros planes. En suma, una situación que lleva a pensar que el precio del
petróleo seguirá subiendo. Un panorama que la propaganda calificaría
eufemísticamente de “nada halagüeño”, por utilizar aquí una de sus ridículas
expresiones.
En segundo lugar, el
precio de los alimentos sube igualmente. La causa también radica en que la
demanda está creciendo más rápidamente que la oferta, aumentando así la escasez.
Pero, ¿Por qué crece la demanda a ese ritmo? El aumento de la población mundial
persiste, con el correspondiente incremento de la demanda, mientras que por el
lado de la oferta, aunque la mecanización, el desarrollo de plaguicidas y la
utilización de abonos químicos han permitido alimentar a un número cada vez
mayor de personas, los incrementos en la productividad acabarán tocando techo
(si es que no lo han hecho ya), por otra parte, se achaca al estilo “industrial”
de producción agrícola el ir agotando la fertilidad de la tierra (además cada
vez queda menos suelo virgen que esquilmar).En definitiva, se va imponiendo lo
que los economistas llaman la “ley de rendimientos decrecientes”, que dice que
cuando en un proceso productivo existe un factor productivo fijo (en este caso,
la superficie cultivable), llega un momento en que la productividad del factor
variable (llámese mano de obra, maquinaria, abono...) empieza a disminuir. La
puntilla la está dando el incremento de demanda de alimentos para el fin no
alimenticio de generar “biocombustibles”, de manera que la producción agrícola
generada por las superficies cultivables que antes iba destinada
fundamentalmente a la obtención de alimentos (y materia prima para la
confección, como el algodón -progresivamente sustituido por fibras sintéticas-)
ahora se enfrenta a este nuevo uso rival.
En este punto es de notar la
propaganda relacionada con el llamado (y discutido en cuanto a sus causas)
“cambio climático”, apoyo de las subvenciones a la producción de combustible de
origen vegetal. Este conjunto de circunstancias, a las que se añade el
incremento de los precios del petróleo, que supone una presión al alza sobre los
precios de los productos agrícolas (al repercutirse en los precios el aumento en
el coste de producción), nos lleva a esperar continuas subidas del precio de los
alimentos.
En tercer lugar,
hablemos de aquello a lo que muchos llaman el “precio del dinero” (y nos
permitimos aquí esa expresión con el fin de hacer un paralelismo con el petróleo
y los alimentos). Nos referimos al tipo de interés, es decir, el dinero que hay
que pagar (expresado en términos relativos) a cambio de utilizar un dinero que
no es nuestro durante un periodo de tiempo. Los tipos de interés los pueden
establecer los bancos centrales al tener el monopolio de la emisión de su
moneda. Cuando deciden que prestar dinero sea más barato (que baje el tipo de
interés) lo consiguen mediante diversos mecanismos (fundamentalmente, prestando
ellos más barato a los bancos comerciales, que a su vez lo prestan a las
familias y a las empresas; y prestando en más cantidad). Cuando desean que
prestar dinero sea más caro, hacen lo contrario. Pues bien, parece que la élite
mundial que controla los bancos centrales, ha decidido que es momento de poner
el dinero caro (subir los tipos). ¿Qué repercusiones puede tener esto?
-Resumiéndolo de una forma sencilla: al hacerse más caros los préstamos, resulta
que a las empresas piden menos dinero prestado, porque al ser más elevado el
coste financiero de sus inversiones (los intereses que tienen que pagar para
pagar maquinaria, materias primas, sueldos, etc, con dinero prestado), disminuye
el número de inversiones que les es rentable acometer; ello presiona a la baja a
la producción de bienes y servicios (ya que cae la demanda maquinaria, naves
industriales, servicios para empresas...) y la contratación de fuerza de trabajo
(haciendo crecer el paro); por el lado del consumo, los hogares con deudas vivas
(fundamentalmente préstamos hipotecarios) tienen menos dinero para consumir, y
quienes no tienen deudas tenderán a evitarlas a la vista de su elevado coste,
demorando todos sus decisiones de inversión y consumo (evitando adquirir una
vivienda, demorando la compra de un coche nuevo, quedándose en casa durante las
vacaciones...) lo cual presiona también a la baja la producción de bienes y
servicios finales, motivo a su vez de que las empresas, al ver caer sus ventas,
pasen a producir menos y, al producir menos, inviertan menos en factor capital
(máquinas antiguas no se reemplazan y se adquieren menos materias primas) y en
factor humano (aumenta el desempleo).
Entonces cabe
preguntarse por qué los bancos centrales –en concreto el europeo- insisten en
aumentar los tipos de interés en unas circunstancias económicas en las que cabe
hablar de estancamiento (crecimiento casi nulo de la producción) o recesión
(técnicamente, disminución de la producción durante al menos dos trimestres
consecutivos), es decir, nos preguntamos por qué los dueños del dinero llevan a
cabo medidas de política monetaria restrictiva que, en este contexto económico,
lejos de ayudar a salir de la crisis, la agravan. La razón explícitamente
alegada para aumentar el tipo de interés oficial es la lucha contra la inflación
(el incremento general y continuado de los precios de los bienes en una
economía); efectivamente, y en tanto que los precios se expresan en términos de
dinero, encarecer el dinero presiona a la baja los precios. ¿hasta qué nivel
están dispuestos a aumentar los tipos de interés, si la inflación no cede
fácilmente? ¿hasta qué nivel haría falta aumentar los tipos para mantener la
inflación en una cifra, por ejemplo, cercana pero inferior al 2% (objetivo de
inflación del Banco Central Europeo)? Y aquí es donde salen a colación los otros
dos elementos de esta exposición, a saber: el petróleo y los alimentos. Estos
dos elementos, como hemos planteado, van a ir encareciéndose en el futuro,
arrastrando en su subida los precios de la mayoría de bienes que se intercambian
en la economía, es decir provocando una inflación creciente. Pero esta inflación
dudamos de que pueda ser vencida por las relativamente pequeñas subidas de tipos
de interés que llevan a cabo los bancos centrales y somos más bien de la opinión
de que sólo será detenida por una crisis mundial que reduzca seriamente los
procesos productivos. Si se desea combatir esta inflación creciente vía
elevación de tipos de interés, éstos han de subir paralelamente a la inflación,
con el efecto de avocar a la economía a una caída hasta tocar fondo, un fondo
que puede estar muy profundo (siendo la propia crisis económica agravada por la
subida de tipos lo que frenaría la inflación, y no las subidas en sí)
¿Será
capaz el Banco Central Europeo (BCE), de encarecer el dinero hasta niveles que
hundan la actividad económica en Europa? -Evidentemente esta maniobra reduciría
el negocio del propio Banco, pero hay que recordar que los dueños del dinero no
necesitan más dinero, sino que persiguen otros objetivos.
Hemos tratado la razón
alegada por los bancos centrales para encarecer el dinero: la lucha contra la
inflación, y pensamos que es un argumento falso, ya que las subidas de tipos de
interés no nos parecen capaces de combatir eficazmente esta inflación, razón por
la cual sólo nos queda creer que el BCE no quiere admitir su incapacidad para
controlarla (es decir, para cumplir su misión, según ellos mismos) y se conforma
por ahora con intentar que no se dispare y/o que persiste con sus subidas de
tipos por motivos que oculta.
Por otra parte, ¿tan graves son los problemas que
la inflación genera como para que su contención sea el objetivo prioritario del
BCE, aunque ésta sea una inflación de costes? Si en un mundo “globalizado” como
pretende la élite que lo sea, se tiende a que haya un solo mercado mundial,
regido por el libre comercio, en última instancia la inflación, por grande que
sea, diferirá poco entre las distintas zonas y, por tanto, no importará si una
barra de pan vale 0’5 € o 500 €, lo que importa es con qué facilidad pueden los
que comen pan obtener el dinero con el que pagarlo; lo que importa, en
definitiva, es si el pan es un bien más o menos escaso, o más o menos abundante.
Quizás la élite pretende disfrazar, por el momento, la escasez, atenuando en lo
posible la inflación. De cualquier manera, como se ha visto, el problema de hoy
(que tiene su reflejo numérico en la inflación) no es tanto la inflación en sí
(como en el caso de la inflación de origen monetario, provocada por un exceso de
oferta de dinero), como lo es la escasez, al ser ésta una inflación de costes.
Sea eso o no lo que se pretende principalmente con la llamada “lucha contra la
inflación”, es indudable que evitar la inflación de costes tiene como
resultado el maquillar la escasez, y siguiendo con el símil, al final las
arrugas acaban viéndose.
Otra posible explicación a la política monetaria
restrictiva es la siguiente: quizás estemos ante un racionamiento. El BCE Sabe
que sus medidas conllevan una reducción del consumo (y la producción), pero
quizás los dueños del dinero persisten en ellas porque piensen que ahora Europa
es más pobre porque paga cada vez más caro el petróleo que importa, igual que
pasa con los alimentos, porque ya no tiene producción industrial que exportar...
Quizás persisten en ellas porque piensen que Europa se enfrenta a una recesión
en un momento en que demasiados ciudadanos europeos están ya endeudados y, en
ese caso, ya no queda más margen para las políticas monetarias expansivas que
hasta ahora han podido ayudar a mantener los niveles de producción (seguir
prestando al ritmo que se estaba haciendo, una vez acabados los buenos clientes,
conduce a incrementos de riesgo tipo “subprime”);
Otra hipótesis: suponiendo,
además, que la banca no quiera ver “demasiado” mermado el crecimiento de sus
beneficios al no poder seguir concediendo préstamos al mismo ritmo, la opción
que queda es prestar más caro. Acaso en algunos países de Europa se ha estado ya
desde hace tiempo “viviendo de las rentas” y ese ritmo de consumo, fomentado por
políticas de “dinero fácil” –que han promovido, por ejemplo el boom de la
construcción en España-, ya no se puede mantener. ¿Será que muchos, en lugar de
ahorrar cuando los tiempos no eran tan malos en previsión de lo que pudiera
deparar el futuro, han proseguido empujando su economía a lo “consumista” y
ahora que han llegado las vacas flacas y van a necesitar echar mano de ahorros,
no los tienen? En estas circunstancias es cuando dicen los economistas aquello
de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora nos toca
apretarnos el cinturón” ¿En todo caso, quiénes se suelen aprovechar de la
idiotez de muchos para prestarles dinero y que lo gasten para así poder vivir
“por encima de sus posibilidades”? ¿Será que en malos tiempos la banca ha
prestado dinero de más disimulando lo malos que, en realidad, eran y ahora que
son peores no queda ni la posibilidad de atenuarlos con dinero barato y fácil de
obtener? Cabe recordar en este punto que la estrategia de la banca para ir
desposeyendo a la población de su riqueza a lo largo del tiempo ha sido la de
expandir el crédito bancario para luego contraerlo bruscamente obligando a la
economía a caer en recesión.
Por otro lado, al
estar los tipos de interés en Europa, teniendo en cuenta el
riesgo,
más caros que en otros sitios del mundo,
mucho dinero viene a Europa, presionando al alza la cotización del Euro frente a
las demás monedas y, en concreto, frente al dólar (ya que aumenta la demanda de
euros, moneda en la que están nominados los activos situados en la eurozona). En
este contexto, la apreciación del Euro es otro elemento negativo del panorama,
porque perjudica las exportaciones europeas, sin poder contrarrestar las subidas
de precios del petróleo y los cereales que se importan.
Efectivamente, el
encarecimiento del euro hace que los productos fabricados fuera de la eurozona
sean más baratos para los residentes en ella (lo que presiona al alza las
importaciones europeas, y a la baja su producción interior), y los productos
fabricados en los países de la zona Euro sean más caros para los residentes
fuera de la misma (lo que perjudica las exportaciones europeas en beneficio de
la industria exterior). Ello implica, en primera instancia, que aumenta el
déficit comercial de la balanza de pagos de los países cuya moneda es el euro y
se perjudica la industria europea, agravando la crisis y, por consiguiente, el
desempleo. Si la economía siguiera cuesta abajo, en teoría podría llegarse a un
punto en que cesa el déficit comercial por incapacidad de los europeos
(empobrecidos al límite) para importar bienes, por baratos que estos les
resulten. Con relación a esto cabe destacar que, pese a lo dicho anteriormente,
la apreciación del euro no ha impedido que se encarezca, por ejemplo, el
petróleo; es decir que el precio del petróleo ha aumentado más que el precio del
euro (por tanto no es verdad que el petróleo se haya encarecido porque el dólar,
moneda con que se paga, haya perdido valor, como a veces parece que quieren
hacer creer los medios de propaganda.
En
resumen, la
creciente escasez, los ascendentes tipos de interés y la apreciación del euro
son los tres elementos que conducen a la economía europea directamente al precipicio. Por otra parte, la élite no es ajena a
la evolución de ninguno de estos tres elementos de los cuales tiene el control,
habrá que esperar a ver cuál es su próximo movimiento.
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